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CRIMEN Y JUSTICIA Justicia 3.0: la peligrosidad de la nueva cultura del escrache

Publicado el 10/11/2019  /   Sin comentarios

La velocidad de la información y la metainformación de estos días hacen que cualquier persona se transforme en juez detrás de una pantalla. ¿Cuál es el punto medio entre el punitivismo social y el rol del Estado? Expertos se ampararon en la teoría de la bola de nieve.escrache1-opt

* Por Martín Muñoz Quesada

Facundo Díaz era un joven profesor de música de 27 años que, luego de meses de hostigamiento por parte de padres que lo habrían acusado de un presunto abuso sexual que tenía como víctima a uno de sus alumnos, tomó la drástica decisión de quitarse la vida arrojándose a las gélidas aguas de la ría de Río Gallegos, en horas del mediodía del sábado pasado.

El caso de ‘Facu’ no tuvo repercusión mediática antes de tirarse al estuario, ni por las redes sociales, sino que se trató de mensajes que le enviaban padres del jardín y, según indicaron algunas de sus ex compañeras de trabajo, también por parte del Consejo Provincial de Educación que –tal como lo establece el protocolo- lo apartaron de su puesto de trabajo hasta tanto se resuelva su situación judicial.

Lo cierto es que el caso de ‘Facu’ no es el único. Día a día, en los grupos de denuncias de Facebook, vecinos de la localidad, por diversos motivos, terminan “escrachando” a otras personas por algún perjurio que es casi inchequeable si no se cuenta con las herramientas necesarias para poder acreditar o no estos “cuasi delitos”.

Pero ¿cuál es el peligro de los “escraches” y por qué nacieron? Para los sociólogos, profesionales en esta materia consultados por La Opinión Austral, esta práctica nace a partir de la necesidad de la comunidad de una búsqueda de justicia mucho más rápida.

El problema es que en las publicaciones, en muchos casos, no se exige justicia, sino una venganza contra el señalado sin que tenga su derecho a réplica, no pueda defenderse y ni siquiera ser sometido a un juicio justo.

El hecho además acompaña al morbo del resto de la sociedad que, como explica la teoría de la bola de nieve, se unen dos puntos primeros y luego comienzan a replicarse hasta que se convierte en algo casi imparable. La gente, detrás de la pantalla de una computadora o un celular, puede juzgar y decidir si el acusado es culpable o no, además de conocer detalles del presunto delito que habría cometido.

Sociólogos que fueron consultados por LOA aseguraron estar en contra de la cultura del “escrache”, ya que hacer lugar a esa práctica sería desconocer el rol del Estado en su sistema judicial. Aunque entendieron que, como antes se mencionó, es entendible que la gente muestre su descontento debido a la lentitud con la que se llevan adelante los procesos judiciales.

También en las redes sociales se habló de doble moral por, supuestamente, proteger a abusadores y luego condenarlos socialmente pese a que la Justicia no se haya expedido. Lo cierto de esto es que hubo un punto en común en los comunicados que publicaron las compañeras de ‘Facu’ y la agrupación Las Rojas: cargar contra la lentitud de la Justicia y el desamparo del Estado para atender a los acusados.

En el izamiento dominical de la semana pasada, acto cívico elegido por la comunidad de Río Gallegos para manifestarse, confluyeron tres reclamos: dos para exigir justicia por dos casos de abuso y uno para demandar lo mismo, pero para ‘Facu’. En esa oportunidad, Las Rojas publicaron: “Lo que queda evidenciado es el sistema judicial podrido que tenemos, que es ineficaz, negligente y revictimizante. Vemos frecuentemente abusadores que fijan domicilio y se van a sus casas, y a su vez docentes acusados, muchas veces falsamente, que pierden puestos laborales, tardan años en esclarecer las investigaciones, y en casos extremos como estos, pierden la vida. En una provincia donde los abusos y el suicidio son moneda corriente, la falta de acompañamiento y asistencia por parte del Estado es inaceptable. Exigimos ligereza en los procesos judiciales que se deban llevar adelante, basta de revictimización, justicia para todas las víctimas”.

Pero, ¿hasta qué punto el escrache es aceptado y por qué muchas veces apunta más a la venganza que a la justicia? Quizás desde la ignorancia de las personas que, en muchos casos, se vieron involucradas en estos casos, surgen hechos como el que se vivió hace unos días en el barrio Fátima, cuando un hombre quedó atrincherado en su vivienda cuando una turba iracunda había llegado a las inmediaciones a lincharlo. En la jornada del jueves, la familia que denunció el caso se acercó a las instalaciones del Juzgado N° 2, porque ellos no sabían que en realidad la causa había sido llevada al Juzgado de Familia. Esto surgió a partir del desconocimiento de la gente sobre los procesos judiciales.

El punitivismo

Rita Segato es una antropóloga feminista que, en reiteradas oportunidades, se refirió al escrache y las consecuencias que esa práctica conlleva. Para ella, los escraches no están bien, ya que la sociedad debe salir “de los binomios mas paridos, como el abolicionismo o el regulacionismo, que simplifican la realidad”, cuando todo es mucho más complejo.

En una entrevista brindada a Revista Anfibia, la antropóloga aseguró que: “el feminismo cae en el linchamiento moral sin parámetros claros del justo proceso y eso a mí me asusta. Debemos darle a los jóvenes las herramientas para que puedan negociar qué quieren y qué no quieren”, y se refirió al punitivismo: “¿con el castigo voy a modificar la sociedad y la forma en que las personas se comportan? La ley no causa comportamientos”.

“El auténtico escrache es la forma de hacer justicia por la propia gente, pero no es espontáneo. No es un linchamiento. Yo establezco una diferencia muy precisa entre escrache, dentro de la tradición argentina de los escraches a los genocidas, donde el período de preparación para cada escrache fue larguísimo. Ahí hay un justo proceso porque hay un patrón, un protocolo y una forma de juzgar, decidir y finalmente de dar una punición pública a ese personaje. Pero en el linchamiento no lo hay”.

Sociólogos consultados por este medio aseguraron que los escraches continuarán sucediendo y que, si bien reconocen el rol del Estado, es verdad que la velocidad con la que hoy viaja la información, tanto la Justicia como cualquier órgano estatal debería estar a la altura y trabajar con la misma celeridad en caso que la comunidad así lo requiera.

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