Suscribirse: Artículos | Comentarios

Una definicion plagada de señales politicas

0 comentarios

Tras la confirmación de la candidatura de Cristina Fernández, la desmesura se apoderó de algunos referentes de la oposición. Justo es decirlo, tanto Hermes Binner como Ricardo Alfonsín nunca abandonaron el tono medido.

La presidenta Cristina Fernández le puso fin esta semana a todas las especulaciones. Parece mentira, pero pocas veces algo tan esperado generó tantas repercusiones. Es que, más como resultado de una expresión de deseo que del análisis político, eran varios los actores que hasta las últimas horas especulaban con la posibilidad de que la mandataria desistiera de buscar un segundo mandato.

Repasemos el escenario: la imagen de la gestión del gobierno y la intención de voto de la presidenta están en sus máximos. La economía crece a un ritmo envidiable y, pasando de largo las proyecciones de quienes hace años vienen pronosticando un inminente estallido, nada hace prever un fin de ciclo. “Siempre supe lo que tenía que hacer”, sostuvo Cristina.

Pero el anuncio terminó además con una serie de zonceras parafraseando al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández y su inspiración jauretchiana.

Al día siguiente de la muerte de Néstor Kirchner, las voces más prejuiciosas se alzaron para vaticinar que, por sus características, Cristina no tendría ninguna posibilidad de controlar la interna del Partido Justicialista, que la ambición de poder de los distintos sectores terminaría haciendo implosionar el partido y que eso la llevaría a desistir de su postulación. Siempre el panorama de caos a la vuelta de la esquina.

Se sabe, las negociaciones partidarias para el cierre de las listas de candidatos no son equiparables a un partido de bridge entre vecinas del country a la hora del té. Sin embargo, como pocas veces, el oficialismo mostró un alineamiento absoluto para la confección de las nóminas. Cristina Fernández urdió pacientemente el entramado de candidatos junto a sus colaboradores más cercanos.

Rompiendo con otra de las máximas que impusieron desde el análisis político (la que sostenía que a la presidenta le aburría la discusión puertas adentro del partido) punteó cada lista, ubicó cada trebejo en el tablero y consiguió construir mayorías internas en distritos como el de Santa Fe, que hasta hace poco parecían imposibles. Córdoba era en estas horas la última mesa de arena en la que se negociaba frenéticamente, también con cierta posibilidad de acuerdo.

En la vereda de enfrente la realidad es absolutamente la contraria. La oposición tuvo sobradas dificultades para cerrar acuerdos antes de la inscripción de las alianzas y también en la previa del cierre de las listas que opera esta medianoche.

En ese trayecto, Ricardo Alfonsín rompió con Hermes Binner para tener a Francisco de Narváez como candidato en la provincia, aunque luego de intensas y frustradas negociaciones el radical y el peronista decidieron ir a internas para los cargos de intendentes porque no consiguieron ponerse de acuerdo.

Fernando “Pino” Solanas también rompió con el socialismo y presentará una fórmula presidencial sin ninguna chance. La ley electoral fija un piso legal del 1,5 % de los votos a nivel nacional, que los candidatos deberán conseguir en las primarias para obtener el pasaje a las elecciones de octubre. Es posible que algunas de las fórmulas presidenciales no alcancen a saltar esa valla legal, tal el caso de Proyecto Sur. Sin embargo, habrá otro límite que más de un candidato difícilmente supere.

En la campaña electoral se escuchan declaraciones triunfalistas como la del ex presidente Eduardo Duhalde, quien ha vaticinado en varias ocasiones que Cristina Fernández deberá ponerle la banda presidencial mal que le pese. Pero el estadista decía que la única verdad es la realidad y si se confirman las proyecciones de todas las encuestas y el bonaerense se ubica cómodo a más de 30 puntos de la fórmula del Frente para la Victoria, tendrá que tomar una decisión entre afrontar igual la votación de octubre, o anunciar un “renunciamiento” en pos de la construcción de un frente antikirchnerista.

Siguiendo ese razonamiento, podría darse el caso de que las primarias funcionen como una eliminatoria de la primera vuelta que reduzca la oferta electoral de octubre a sólo tres o cuatro postulantes.

El último misterio del cronograma electoral se develará esta tarde, cuando la presidenta de a conocer quién será su compañero de fórmula y la nómina completa de los candidatos del Frente para la Victoria.

El candidato a vicepresidente que elija Cristina Fernández ofrecerá seguramente muchas señales políticas, especialmente luego de la experiencia fallida que implicó la elección de Julio Cleto Cobos en 2007. El viernes ya estaba confirmado que Gabriel Mariotto acompañará a Daniel Scioli en la provincia, una candidatura también plagada de indicios. El titular de la AFSCA fue el principal impulsor de la Ley de Medios. Durante años trajinó seminarios y encuentros políticos para alcanzar ese objetivo. Cristina anunció su candidatura a la reelección en un acto en el que se puso en marcha la licitación de 250 señales de TV digital. Mariotto, el hombre más odiado por los dueños de los medios concentrados en la Argentina, integrará el binomio provincial por estricto pedido de la presidenta y esa también es una señal de que en un eventual segundo mandato no habrá posibilidad de retrocesos para la ley de Medios.

Tras la confirmación de la candidatura de Cristina Fernández la desmesura se apoderó de algunos referentes de la oposición. Justo es decirlo, tanto Hermes Binner como Ricardo Alfonsín nunca abandonaron el tono medido. En cambio, Elisa Carrió clamó que la presidenta se saque el luto y discuta el modelo; Francisco de Narváez sentenció que Néstor Kirchner eligió morirse porque no soportaba otra derrota política; y Duhalde sostuvo que la misma persona que rige los destinos del país desde hace cuatro años, no está en condiciones de gestionar.

Parece contradictorio, pero los mismos dirigentes que durante años criticaron el clima de crispación que imponía el gobierno reaccionaron a la postulación de Cristina Fernández no sólo con mal gusto y alejados de las buenas costumbres, sino con una chatura en términos de propuesta política que azora. El anuncio de Cristina sirvió también para que el oficialismo retomara la iniciativa que había perdido a fuerza de la magnificación de escándalos mediáticos como el caso de Sergio Schoklender o la impresentable discusión entre María Rachid y Claudio Morgado.

En la línea de las predicciones de Carrió, De Narváez pronosticó que falta mucho tiempo para las elecciones y “van a pasar muchas cosas malas para el gobierno”. Sorprende el nivel de información que maneja el candidato a gobernador, salvo que tales eventos malévolos por venir sean en realidad operaciones políticas en el marco de la campaña electoral. Como muestra basta un botón. Toda la semana pronosticaron una tormenta internacional contra la Argentina en el GAFI por las flaquezas en el combate al lavado de dinero. Esas sanciones nunca llegaron. En cambio, el premio Nobel Paul Krugman se mostró sorprendido de que todavía haya gente que considere que la Argentina no es un país serio. El economista abonó la teoría que sostiene que Grecia debería aprender de la Argentina el camino para salir de la crisis, en lugar de entregar su patrimonio público para afrontar la deuda con los bancos alemanes y franceses.

La realidad argentina está hoy muy lejos de aquel caos. La Ciudad de Buenos Aires entra mañana en la recta final de los comicios. A 15 días de las elecciones, todos los analistas coinciden en que Mauricio Macri y Daniel Filmus disputarán el ballottage. Pero antes, Tierra del Fuego y Misiones irán mañana a las urnas, en una jornada electoral que sólo puede dejar buenos resultados para el Frente para la Victoria. El año electoral va doblando el codo.

Por Hernán Dearriba

DIARIO EL ARGENTINO

Dejar un Comentario

Debes estar conectado para dejar un comentario.